Ramsés, dueño del más antiguo bazar.   2 comments


Ramsés, dueño del más antiguo
bazar.

     “Non
bene pro toto libertas venditur auro”, La libertad no está bien vendida por
todo el oro del mundo, lema de los libertosauro (o libertauro), feligreses de
Ramsés, el semidios de la libertad.

Los
libertosauros, eran seres extraordinarios venidos al mundo en condición
especial, de almas límpidas e invulnerables al mal. Como todo neonato empiezan
a crecer entre y como la mayoría, pero al comenzar a tener uso de razón ésta
florece como una rosa de pétalos infinitos que se abren despacio, pero
constante, descubriendo mil texturas y mil aromas con cada uno de ellos. Son
los lazos de la conciencia que hablan de libertad,  no libertinaje. Entonces crece de la mano de
la rosa el deseo y por tanto el principal objetivo por el que luchan. Desean
ser libres sólo por un motivo, poseen el don de libremente elegir y actuar
siendo ellos mismos, fieles a ellos, a sus ideales y a sus principios. Nada mas
hermoso que poseer la libertad para libremente comprometerse con la felicidad,
eso si, sin esclavitudes ni mandatarios ni mecenas. Esa es la libertad plena,
de la que sólo unos pocos disfrutan, los tocados por los dedos de Ramsés.

Ramsés,
mitad dios mitad ser, oráculo para los libertauros, abandona durante largos
periodos la vida celestial para confundirse entre humanos y realizar su labor
de conceder el estado de gracia sin ser descubierto, a los pocos elegidos
merecedores de incorrupto pensar y virginal visión de ojo de niño.

         Rondaba el S.
XVII y Ramsés, desde su etéreo trono en el Edén de Semidioses Benévolos, decidió
que era hora de volver a
La
Tierra. Tenía
una gran labor por delante. Observando desde su
reino celestial, el que todo lo ve, algo injusto y grotesco le preocupaba.
Había aparecido Crabel, el mas cruel robador de almas libres que el mundo
hubiera conocido. Alimentaba su ego robando libertad y por tanto quedando sus
víctimas esclavizadas. Las que más le saciaban eran las almas de libertad y no
las libertinas por tanto sus presas mas ansiadas eran las de los libertauros.
Sólo había un contratiempo, al ser tan inmaculados, traspasar el aura blanca de
nácar para apropiarse de ellas le llevaba mucho tiempo, casi algunas veces
agotaba sus fuerzas. Cuando lo lograba, sus víctimas quedaban en un estado
reprobable, moribundos rara vez sobrevivían y si lo conseguían vagaban como
almas en pena, con ojos pero sin mirada, con rostro pero sin expresión, con
dedos pero sin tacto, sólo les quedaba la fe de que su Dios no estuviera lo
suficientemente ocupado y él que todo lo ve, acudiera en su favor.

Crabel
observador de mirada cazadora, con un gran olfato para sus víctimas no tardó en
descubrir a Niloiv. Era una criatura espléndida, incomprendida por su sentido
de la vida, por su percepción de la sensibilidad, por su grandeza antes las
injusticias, era perfecta para su fin. Mientras más pura fuera mas le
alimentaría su ego.

Sin más
dilación procedió a su rapto, lo preparó todo para que no quedara suelto ningún
cabo y aprovechando el paseo mañanero de Niloiv por el acantilado, desplegó sus
rojas alas en aguilesca caída en picado sobre él. Antes de que pudiera darse
cuenta, había sobrevolado mares y océanos y ahora estaba en algún lugar, no
sabia si del mundo o el extramundo, con el pánico bloqueando cualquier gesto de
auxilio. Lo último que quedó impregnado en su retina antes de perder la
conciencia fue el traje de sudor frío que resbalaba por su piel helado como la
lluvia de invierno.

Crabel se
regocijaba de su fechoría, creyéndola perfecta había olvidado algo vital, el
sudor de los libertauros era inodoro, pero desprendía unas partículas que sólo
un semidiós podía identificar, las del miedo e impotencia provocados por el
rapto de un demonio.

En su
inconsciencia Niloiv convulsionaba entre pesadillas, oía una voz q le gritaba:

 “ levanta y deambula,

para poder
renacer,

que el que
yace en altura,

no te dejará
perecer” .

Mitad
despierto mitad dormido, y en rara ausencia de Crabel creyéndolo al borde de la
muerte en beneficio del ego, comenzó a caminar a ninguna parte guiado por su
instinto dormido. Fue así como lo interceptó Ramsés y como inmediatamente
decidió convertirlo en objeto para que Crabel no volviera a por él, así no
podría detectarlo y lo podría guardar en lugar hasta que acabara con el
demoníaco ser.

Una vez
escondido el libertauro, Crabel moriría aún sin fecha a manos de Ramsés en la
emboscada. Años llevaba estudiándolo hasta que encontró algo infalible,
disparando una flecha de lienzo prensado impregnada con limaduras de ala de
ángel, apuntando certeramente al lunar que tenía encima de su ceja izquierda,
la muerte sería inmediata y podría liberar a Niloiv devolviéndolo a su estado natural
y prevenir de ataques a otros de su misma especie.

El objeto en
que Ramsés había convertido a Niloiv era un precioso violín, y para su total
protección decidió meterlo en una rauda y austera funda negra para no llamar la
atención.

Sólo se le
ocurrió un sitio donde poder guardarlo sin que nadie lo encontrara, un bazar de
objetos históricos en la ciudad de Niloiv. Allí Crabel no entraría jamás y
ningún curioso se fijaría en él, salvo alguien que poseyera un alma idéntica a
la de Niloiv, alguien que escuchara la melodía sorda que de él saldría como
reclamo para ser encontrado, sólo él lo cuidaría y protegería mejor que Ramsés
y su estante. Sólo un Norbertusiano podría acceder a él.

Puesto manos a
la obra, Ramsés optó por una temporal vida mortal, compró el bazar a un viejo
tendero ansioso de retirarse a disfrutar su vejez y comenzó su vida de
comerciante. Nada de lujos, nada de excentricidades, todo se rodeaba de
normalidad para no destacar. Y en la repisa en al que nadie mira, en ella
colocó el violín.

Un buen día,
ocurrió algo mágico, hubo un ser excepcional que se coló en bazar, con mirada
curiosa y decidida miró en una sola dirección, al estante donde nadie mira.
Ramsés supo que era él, que esa mirada límpida y audaz sólo podía pertenecer a
un ser, un Norbertusiano, era Trazóm.

No sabía ni
como ni porqué había entrado pero de repente allí se encontró, dándole unas
monedas que tenía guardadas gracias a la picaresca y que eran el pasaporte a su
felicidad. Ahora era dueño de un mágico Stradivarius, que con el sólo hecho de
tocarlo, sentirlo y tenerlo se sentía completo y extrañamente unido a él. Lo
que no sabía aun era que con el compraba algo mas, una historia futura que no
conocía. Sólo lo sabría el día que Ramsés acertara su flecha en satánica
frente, cuando el Stradivarius volviese a ser Niloiv.

Ingrid J.


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Publicado 27 de julio de 2009 por ingridjy en Sin categoría

2 Respuestas a “Ramsés, dueño del más antiguo bazar.

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  1. Ufff, bastante más complejo el texto. Logro atisbar ciertos indicios pero no asimilo el sentido global.

  2. Ramsés, encargado de mantener a los libertauros ( a los idealistas) a salvo de mentes corruptas. Cuando ve que son atacados por personas parásitas que se sirven de la bondad y de almas limpias de éstos, entra en juego Ramsés (el dolor) para cuidar de que sigan siendo auténticos e invulnerables al mal. No deja de ser una lucha entre el bien y el mal, adornada con imaginación, fantasía y algo de realidad. No dejes de leerlo como un simple cuento, aunque haya y exista algo que resulte familiar.

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